Como si jugaran a las escondidas, dándose vuelta los papeles y posando para el mundo que capturan. Todas amontonadas, recibiendo, una a una, los rayos de las dos de la tarde, son todas pacientes prisioneras de un mundo hecho por su propia inspiración, y quizá, en verdad son todas tan libres como todo lo demás. Lo que entra de luz, en cantidades exactas, me lo alcanzo a tragar con calma, y alumbrando las calles que refrescan por bien la mañana marcho con lentitud hacia ningún lugar. No hay nada que se pueda comparar a moverse sin destino, mis pies ahuyentados amorosamente por una melodía incongruente a las palabras que flotan, incluso el ritmo se cae a pedazos, pero es justo lo que cabe para llenar el aire que nos desliza. Vislumbrar por un realmente ínfimo, ya, aunque no infame, trozo de tiempo, que vivir es demasiado fácil, tan fácil que llega a ser complicado, pero tanto que es siempre muy divertido.

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